Quemar el museo, reducirlo a cenizas que se vayan con la brisa.
Si hay piedras mejor, sino escarcha.
Los días no empiezan, se hacen esperar, pero eso no se dice, sino que se sigue hacia ¿adelante? Para no hacer notar incipiente competencia.
Y era muy original para la época, para abaratar costos.
Dos exhibiciones desconcertantes: consistían en cerrar las galerías durante la fecha de las mismas, el público se extendía y se diversificaba, se ensuciaba, se lavaba y se volvía a usar.
A fin de cuentas; ¿Cuánto puede durar?, ofrecer a algunos la posibilidad, a otros la ilusión.
Este método tan sencillo es el "recomendado" para esta era, que no me acuerdo el nombre.
Hoy fueron inhumados los restos del deseo, difusos, pestilentes, todo con las luces apagadas.
El reparto de la herencia, el reconocimiento de derechos y deberes no requiere del alumno ni del profesor y bajo la amenaza de una posible pregunta, menos apreciada, tiende a perder su brillo.
Su silencio es el arma poderosa, y abunda en los pies fríos y pálidos de miles o millones o tan solo una palabra.
El desorden ordenado fulmina al desorden, al orden y también al piso, al espacio, al segundo.
Hoy (¿O fue ayer?) se convierte en mañana, pasan cien autos, colectivos, paraguas, moscas; Y hoy (¿O fue ayer?) sigue siendo hoy, convertido ya en mañana; ¿Pero hoy al fin?


1 comentarios:
Hermoso texto.
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